“Lost” Un pensamiento, un lapsus, nada.

No tengo televisor. A la guionista se le estropeó unos dias antes de palmarla y con la desidia que la embargaba en sus últimos momentos, no avisó al técnico. De modo que, desde que su, …mi…, que desde que soy lo que soy,  para ver la tele tengo que colarme en la casa del vecino, el señor Bustamante; un futbolero de bien, al que casi le da un infarto el día que el Barcelona ganó la liga. Le tengo mareado con mis trapicheos, pero como es un escéptico que sólo cree en Butragueño no hace nada para impedirme la entrada. Ni se imagina que el fantasma de su vecina le visita de vez en cuando, y se sienta en el sofá a mirar su “pedazo” televisor.  Por cierto, ¡Gracias a la Materia!, que le gusta el fútbol porque así disfrutaré del mundial.

La cuestión,  y sin irme por las ramas,  la noche del último capítulo de Perdidos fue complicadita. Tenía que ver el desenlace más esperado de los últimos tiempos. Soy un fantasma y no había nada mejor que hacer.

Como la emisión fue a nivel mundial, fue tan tarde que tuve que hacer virguerías. El señor Bustamente, alma de cuerpo seboso, tenía que dormir, así es que puse el volumen al mínimo, tan al mínimo que no oía nada.  Y entre los minutos que me quitó Cuatro, los subtítulos que parece que no funcionaban, y los ronquidos de mi vecino casi no me enteré “de la misa la media” .

Pero no es a eso a lo que voy. Yo no voy a entrar en temas argumentales, ni de desenlaces mejores o peores (soy el fantasma de la guionista, odio los spoilers) solamente es un pensamiento, un “come, come” que tengo en la cabeza desde ese día: Los guionistas de Lost.  LOS GUIONISTAS. Esos seres de los cuales se esperó un desenlace propio de un ser superior. No!!, no os equivoquéis, los guionistas de Perdidos son humanos. Humanos. Y el peso del mundo sobre ellos, a sus espaldas, y el destino de los “perdidos” fluyendo entres sus dedos (y nuestro tiempo a sus pies. Hemos perdido horas y mas horas pendientes de ellos. Y en ocasiones nos hemos sentido más perdidos que los de Oceanic).  En el fondo ¡Cuánto poder puede llegar a tener un guionista! “Solo si se le da libertad y confianza”

Miro todo eso  con tristeza, melancolía, envidia…no sé como describirlo. Sí, soy el fantasma de una guionista,  pero a veces me faltan palabras.

¡Ay, qué maravilla ser guionista en “Jolibud”!. Aquí  nos morimos de asco. Allí nos convierten en Héroes. Seguramente ahora no andaría por estos barrios si el cuerpo de la guionista hubiera pululado por allí.  

En fin, esto es solo un pensamiento, un lapsus, nada…pero me apetecía compartir.

Ah, creo que ya sé que es lo que hago entre dos mundos. Ya os lo contaré.

Gracias por pasar.

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